• Publicación de la entrada:6 abril, 2020

Prácticamente todos nosotros hemos leído algún artículo, o visto noticias en medios de comunicación, sobre lo que se denomina “el conflicto del campo” en nuestro país. Tractoradas, huelgas, fruta tirada en la carretera, manifestaciones y protestas, y cientos de debates en televisión, tratan de ofrecer los distintos puntos de vista que aportan las partes que forman este conflicto de compleja resolución. Ya anticipamos que no es objeto de este artículo apoyar o rebatir ninguna de las opiniones planteadas al respecto.

Blockchain y el conflicto del campo y la agricultura

El sector agrícola ampliado, teniendo en cuenta producción, distribución y comercialización, se dibuja, indiscutiblemente, mediante una forma piramidal. En España existen casi un millón de explotaciones agrícolas (945.024 según el INE) que forman la base de la pirámide, entre miles de agricultores autónomos y pequeñas y medianas empresas productoras, la gran mayoría. En el otro extremo, los seis primeros grupos de distribución alimentaria en nuestro país, que representan el 55% de la cuota de mercado. Hay quien habla de un sector cada vez más uberizado, en una analogía con el sector de taxi y la aparición de plataformas como Uber y Cabify.

A ojos de cualquier lector de artículos sobre el asunto, si es posible de distintas fuentes y con diferentes posicionamientos ante el problema, y sin necesidad de ser un experto en el tema, rápidamente se identifica un punto que se repite en la mayoría de los análisis: la existencia de una cadena de valor descompensada, con una importante diferencia entre lo que percibe el agricultor y el precio final que paga el consumidor. Y a partir de este problema central, fundamentalmente económico, todas las derivadas y ataques posibles: falta de regularización del mercado, impacto y beneficio real de las subvenciones agrícolas, estrategias de los grandes distribuidores para tirar los precios,  reproches sobre el origen real de ciertos productos en los lineales, desequilibrios en la formación de los precios, y datos, sobre todo datos, que una parte utiliza como arma arrojadiza sobre la otra, que responde con otros datos que indican exactamente lo contrario. ¿Son estos realmente los problemas?, o ¿son la consecuencia de una falta total de trazabilidad?

En el fondo existe un claro conflicto de intereses y una desconfianza total entre las partes de la cadena de valor de la alimentación. No hay trazabilidad común, la puede haber internamente en algunas empresas, y por tanto no existe la transparencia necesaria para poder abordar la solución. Cualquier análisis en profundidad que quiera aportar soluciones reales se encuentra carente de datos fiables para poder hacerlo.

Afirmar que blockchain puede ser la solución a los problemas del campo suena, cuando menos, pretencioso. Pero aportar soluciones de calado a un problema tan complejo sin disponer de una tecnológica de base que aporte a una cadena de valor las características que aporta blockchain, será, cuando menos, muy, muy complicado.

Podríamos empezar por establecer una base que aporte trazabilidad y transparencia, y obtener los datos fiables necesarios para poder aportar soluciones a problemas reales, e incluso implementar diferentes reglas del juego sin la posibilidad de que unilateralmente se manipulen o incumplan. Es un camino nuevo que se abre gracias a las potencialidades tecnológicas de blockchain.

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